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La Rectoría es la encargada de dar direccionamiento a todas las unidades que la componen, de acuerdo al plan institucional que se tiene establecido, además de ser la mayor autoridad académica dentro de la Uniagustiniana, el Rector es el encargado de dirigir y coordinar la gestión universitaria en todas sus dimensiones organizacionales. También lidera la jornada de planeación, el Plan de Desarrollo y el Proyecto de Presupuesto Anual, sus modificaciones y adiciones; finalmente desde la Rectoría, se deben presentar informes periódicos de gestión y sobre asuntos que ameriten conocimiento, al Consejo Superior y al Consejo Académico.

De Rectoría dependen directamente, además de las vicerrectorías, la Oficina de Planeación y Gestión de la Calidad, la Oficina de Relaciones Internacionales ORI, el Centro de Emprendimiento y Desarrollo Empresarial Agustiniano CEDEA y la Unidad de Espiritualidad UNIAGUSTINIANA ESUNA.


Reflexiones del Rector

Saludo del Rector

En la obra agustiniana De Magistro, el diálogo de san Agustín en donde conversa con su hijo Adeodato, y que inicia precisamente de esta forma:

Agustín - ¿Qué te parece que pretendemos al hablar?
Adeodato - Por lo que ahora se me alcanza, o enseñar o aprender.
Agustín – Así lo veo yo: Una de estas dos cosas, y estoy de acuerdo; pues es evidente que pretendemos enseñar cuando hablamos.

Saludo fraterno,

Este fragmento es el inicio de un diálogo en el que Agustín y su hijo Adeodato – dado por Dios- empiezan a indagar la relación existente entre enseñar y aprender. En la escuela agustiniana educamos por amor a los demás, y aprendemos por amor a la verdad: en palabras de la Universitaria Agustiniana, es creer en ti.

El maestro entrega la ciencia hecha sabiduría, hecha proyecto de vida al estilo de Jesús de Nazaret; como aquellos que con su misión de maestro no le sobra tiempo, le falta mucho: Es un acompañante, servidor, trabajador y un líder que impulsa lo que tiene. Tomemos el ejemplo de la parábola del sembrador. Salió el sembrador a sembrar. Cristo es el Sembrador, la semilla es la Palabra de Dios, y el terreno es cada uno de nosotros. El sembrador lanza su semilla y, algunos meses más tarde, la semilla empieza a producir su fruto, en algunos casos treinta, en otros sesenta y en el cien por uno. Hay que sembrar.

Hay que ofrecer una educación integral y de calidad. Es necesario salir de la herencia que nos dejó la colectividad, la cual defendía que educar es llenar la cabeza de conceptos y cuanto más se conozca, mejor será la educación. Estamos en un mundo nuevo, el mundo digital; es el fruto de un esfuerzo extraordinario de la ciencia y la técnica que ha transformado nuestro ambiente de vida, nuestra forma de comunicarnos y de vivir. El Papa Francisco abogó por un nuevo pacto educativo entre escuela, familia y jóvenes que sustituya al actual, obsoleto y roto, para poder afrontar los cambios del mundo. Es necesario renovar nuestro compromiso educativo, se ha fracturado: educar en este momento es algo muy serio. Es un desafío grande porque el pacto educativo, en general, está fragmentado. Hay que reconstruir esa alianza, lo cual supone implicar a la familia. Dios no mira tus logros, tu riqueza, ni tu poder. Dios mira tu corazón.

Educar es algo muy diferente: es hacer madurar a la persona mediante tres lenguajes: el lenguaje de las ideas, el lenguaje del corazón, el lenguaje de las manos y que haya armonía entre los tres. Si no educamos así, perdemos. La disciplina es la parte más importante del éxito, nadie camina bien en los primeros intentos.

La innovación en la educación superior no solo es un tema de actualidad, sino que se ha convertido en una preocupación para directivos universitarios y cuerpos académicos. Tanto la dinámica social de una juventud cambiante como la dependencia, para casi todo de las tecnologías de la información y las comunicaciones, plantean constantes retos a los que la UNIAGUSTINIANA busca dar respuesta desde diferentes opciones ideológicas, culturales y económicas. Dando un clima laboral y un trabajo en equipo.

Uniagustinianos, qué bueno que veamos y percibamos nuestro error o carencia y demos un paso al cambio libre y responsable. Que asumamos nuestra misión con amor y sacrificio. Todo esto nos recuerda que algunas veces, realmente importa cómo concebimos las cosas y cómo las vamos situando en su justo lugar, por el bien de todos. Ésta, es en verdad una propuesta de nuestra Institución. BIENVENIDOS UNIAGUSTINIANOS.

Fray Enrique Arenas Molina