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Esta es la historia de William Hernández, quien durante 15 días participó con otros jóvenes Uniagustinianos, en convivencia de transformación personal, objetivo clave de la central de Juventudes (CEDEJ).

 

Por: William Fernando Hernández Velandia
Estudiante de Licenciatura en filosofía  
 
“Hoy mejor que ayer, mañana mejor que hoy”, fue la consigna que nos acompañó durante 15 días en la experiencia facilitada por central de juventudes (CEDEJ).
 
El pasado 8 de julio, 10 jóvenes estudiantes de diferentes programas de nuestra UNIAGUSTINIANA, participamos del primer nivel de Escuela de Líderes Universitarios (ELU) número 50; maravilloso momento de formación, donde abundó el autoconocimiento y la interacción en comunidad. En total participamos 53 jóvenes de diferentes nacionalidades entre mexicanos, dominicanos, ecuatorianos y por supuesto colombianos.
 
Durante los 15 días de convivencia crecimos en muchos aspectos de la vida, no solamente en la parte racional sino en algo más importante, la actitud de apertura, disponibilidad y servicio a nuestra sociedad. 

Los jóvenes estamos llamados realmente a ser agentes de transformación, primero de nuestras realidades y posteriormente de las realidades comunitarias, este objetivo de transformar ha sido precisamente el propósito por más de 65 años de CEDEJ, quienes nos abrieron las puertas de su fundación y nos permitieron una experiencia de formación integral en liderazgo cristiano, por eso, quienes participamos de la escuela regresamos muy animados y comprometidos con tratar de dejar un mundo mejor, del que hemos encontrado al llegar a la vida y de transformar las realidades en las que nos desenvolvemos, desde la conciencia de la existencia misma; por eso desde la unidad de Espiritualidad UNIAGUSTINIANA - ESUNA, estamos dispuestos a ser propagadores del servicio y liderazgo en las diferentes actividades que nuestra universidad realiza semestre a semestre. 

Finalmente, agradecemos en primer lugar a Dios y seguidamente a nuestra universidad desde la unidad de espiritualidad, quienes permitieron esta enriquecedora vivencia y estamos seguros que, teniendo nuestra mirada fija en el horizonte, los pies firmes en la tierra, la alegría en el corazón, la sonrisa en los labios, y por supuesto el corazón en el sagrario, podremos dar verdaderos frutos de responsabilidad con nuestra vida y con la vida de nuestros semejantes, desde el liderazgo de los diferentes contextos sociales-universitarios, siempre queriendo propiciar la civilización del amor desde la vivencia de la comunidad, porque hay muchos que necesitan de nuestra ayuda y cercanía, ya el mismo san Agustín nos compartía “hay muchos que no son nuestros y están ahora como dentro, y otros cuantos que son nuestros están todavía como fuera” (CS 106,14).